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miércoles, 11 de junio de 2008

Seco torrente inanimado


Mi ajustado vestido disipado.

Mi enmascarada marcha en el olvido

Puedo ceder a mil formas

Para tratar de encontrarte entre el inmenso espacio.

En tu camino hacia mí

Podré resucitar tu sonrisa,

Podremos arder en fuego.

En mi infranqueable cristal confortador

Podrás asomar tu expresión.

Me mantengo firme sobre las colinas, aunque solo sea una ilusión

Mis manos sujetas por una ciénaga de ansiedades

Y el violento soplar del viento que desfigura cualquier reacción.

Solo son colinas desiertas,

Cada noche me poso en una de ellas,

Algunas veces me preguntan por mi porvenir,

Otras callan como puñales de hielo.

Ciertas de ellas solo me entretienen con el tallo que producen mis lágrimas

Pero las más acogedoras son las que me escuchan hasta el amanecer.

Y cuando doy cuenta de que el sol aparece

Me encierro en una nube pasajera,

Me cubro de las ligeras notas que la brisa transporta.

Notas de tu bello imaginar

Susurros de que algún día pasará.

No podrías sentir este delirio ni aunque llegaras a sentir mi respirar

Pero apartarías todas las colinas que me hacen vacilar,

Y derrumbarías las nubes donde acostumbro a descansar.

Solo para descansar en tus brazos,

Y delirar sobre tu pecho.

Y un silencio sedativo que aleja las ansiedades.

Pueden tus manos cubrir mi rostro,

Mientras tus besos se dejan caer por mis hombros, por mi cuello

Y mueren en las cristalinas gotas que se van extinguiendo.

Y un estrujón que arrasa con las más fuertes ironías de mi voz.

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