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domingo, 18 de enero de 2009

Concluyente impulso de pavor


Su nombre parece no ser lo primordial en este santiamén,
Es esa imagen tan contraproducente lo que acapara completamente la atención,
Deja la mirada hipnotizada, el corazón paralizado por intervalos.

Podría nacer de nuevo y aún vislumbrar la misma imagen al cerrar mis ojos.
En cambio, los suyos, sus ojos, solo contemplan lo mismo, el vacío…

La luz que nos custodia es tan vacilante que en los instantes que se ausenta aparecen crápulas estupefactos por la matizada situación.

Y, ¿quién podría comprender dicha situación?
Si solo hay confusión bajo las opacas hojas de estos viejos árboles.

Inmortal instante en que se unen lagrimas:
El lagrimar de la figura de la indulgencia corroían todo a su alrededor
Mientras batallaban con los gritos del dolor.

No fue solo su amor al que degolló, eran sus tres hijas y el pequeño infante que apenas sentía el rocío de la realidad.

No quiso hacerlo,
No quería causar dolor,
Pero su mirada perdida continuaba incitando sus manos a exhalar el último suspiro de sus victimas.

Después que solo sentía su respiración,
Su llanto era desquiciante, desgarrador, iba aniquilando cada segmento de cordura.

No podía dominar los violentos impulsos de tomar algo de cada uno de ellos,
No sabía por donde empezar, no sabía que voz escuchar.

Desmembró a cada una de las nenas,
De la más chica tomó sus manos porque era las que cubrían su rostro cuando no soportaba su existir,
De la segunda tomó una de sus piernas porque le recordaban todas las caídas que debió curarle cuando aprendía a caminar,
Y de la mayor prefirió todo su semblante porque sentía que era la luz de su turbante camino.

Su hijo menor, su único varón, no codició tentar,
Lo dejó en los brazos de su madre, glorificando su ultimo momento feliz al verlos a los dos saliendo de emergencia obstétrica.

Y a su amor,
Quería tomar su pasión, quería apoderarse de su voz,
De su ímpetu cada vez que le murmuraba al oído que todo estaría bien.

Nada físico podría compensar aquel sentimiento de desasosiego que le causaba verla sin respirar, y aún más por su voluntad.

Presionó sus ojos y movió la sierra eléctrica en todas las direcciones,
Segmentó toda la familia que había creado, unió todos los cuerpos a los que había visto crecer, y quedó con sus manos destrozadas.

Arrojó la sierra a un rincón
Y permaneció inmóvil vislumbrando todo aquello que fundó.

Y ahí permanecimos hasta que se disipó el sol,
Inanimados hasta que desmayamos por el sombrío final.

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