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viernes, 5 de junio de 2009

Despidiendo sueños marchitos




He levantado, con los escombros de mi corazón, un muro que los ojos de ellos no pueden atravesar, ni sus intenciones ni sus pensamientos. Me atrincheré tras mis garras y en silencio espero. Un manto negro cubre al cielo y otro cubre mi alma. Un calor maternal va abrigándome mientras que de mi pecho se expulsa la infección que contraje cuando estaba afuera.

Y aquí permanezco en la intemperie ausente de claridad, mi cielo comienza a tocar el suelo en el que gesticulan mis manos agonizantes. Un silencio perpetuo que atraviesa mi alma generando agujeros estrechos por el que entra el frío de este día azul marino.

Los recuerdos, los sabores, los aromas, todo yace en la tumba de lo que alguna vez fui.

Mi corazón se fundió en su vendimia. Tanto lo han pisado, tanto se han emborrachado a base de mis esperanzas...

Ahora contemplando mis heridas, me hipnotiza la partida de mi sangre, se aleja de mi... ¡se aleja!
Es una escena constante, un deja vu a mi mente enferma, mi espíritu traslucido para los ciegos ojos que ambiciono que despierten, una espera incalculable al sentimiento imperante de dejar de sentir.

Sus cabezas hierven bajo los rayos de la luz, su piel se quema. Incuban promesas, incuban besos y abrazos que nos entregan ya pútridos bajo el camuflaje del bienestar. Esconden sus aguijones bajo sus plumas, esconden sus colmillos bajo sus labios.
Mi espalda habla de ellos con el dolor de una madre que perdió a sus hijos.
Mientras quede el mínimo rayo ahí afuera, el miedo que se ancló a mí, no se elevará.

Dark Queen & Lucian

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