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martes, 4 de mayo de 2010

Mientras convulsionan mis sentimientos

Moderadamente impaciente para seccionar mi libre aliento,
He valido un poco más que sentimientos, desbordados por los ojos, ofuscados en las manos.
Poseo el indulto de medir mi raciocinio en función del daño y modificaciones que generas a mi serenidad.
Padezco de la gracia del olvido, y mis aguas aguardan rocas de aversión que emergen cuando me lastimas.
El juego de la sonrisa esquematizada en donde respeto tu libertad, arrastrando la mía, resulta cíclica. Podría ser esta la antítesis de mi felicidad, o solo un perjuicio que camina conmigo y que habla desde una voz que engaña y repite que “todo estará bien”.
No es frialdad lo que encierra mis actos, ni mis instintos emocionales,
Es la sombra de una daga malsana que reclama no ahogarse anónimamente en el espacio de la irresolución y artimañas.
La buena noticia es que teóricamente no deberíamos preocuparnos por nadie más que nosotros mismos, y cuando algún vacío desee llenarse solo usar analíticamente los elementos -o en todo caso disfraz de sentimientos- proveído por otra sonrisa, otro llanto, una voz que haga despertar el cuerpo y una boca que invite a universos.
Por lo demás, intenta alejarme más de ti, intenta mentirme un poco menos, o tan solo limitar tus emociones –o apariencia de ellos- en la sucesión de los míos, en mi inconsciente inocente en mis lagrimas silentes.

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