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martes, 3 de enero de 2012

…Así fue la noche en que me convertí en retrato.


Llevaba algunas líneas de un escrito banal, parecido a los mensajes de tarjetas a la venta, esas que minimizan los sentimientos a una coloreada figura cursi y animada.
Un té parecido al vino, ¿o era aún vino? Perdí la cuenta después de algunas copas.
Trataba de inmortalizar mis recuerdos en el techo de la habitación, jugaba con masa flexible con ánimos de hacer mi pinocho. Tenía todo lo del cuento, incluyendo una nariz enorme, un par de converse, cabello liso, camisa con el logo de Pink Floyd y bajo su brazo un libro de Freud, ya saben para tratar desde la raíz cualquier complejo.
Mi pinocho pasó a ser actor de la obra de mis años ¿eras tú, o él, o todos?
No, estoy segura: eras tú.
Este pinocho de 10 centímetros parpadeó luego de una pieza de The Doors, creo que el vino ayudó, lo besé sutilmente y me respondió con algo más que calor.
Y sorprendida, ¡anonadada! Veía su rostro sonriente, pícaro y con enajenación de que alguien más nos escuchara, no podía dejar de observarlo ¡Wow, era sorprendente lo que yo podía hacer!
 Después de todo estaba en esa habitación, junto a él y poca esperanza de que todo fuera real. El pinocho vino a mis piernas, se jartó de la ausencia de mi reacción, trepo por mis caderas a mis senos, subió a mi hombro y murmuro algo a mi oído, acto seguido saltó justo a mi entrepierna y trato de ahondarse en mis faldas, estaba lo suficientemente mareada de este juego de realidad/fantasía, y cuando tanteó lo que podía lograr en mis partes intimas quiso adentrase a mi alma o incluso un poco más allá.
Todos los colores se desvanecían para mí, quería estar con pinocho en su mundo pero no habría juicio alguno en el espacio para que se cumplieran esas palpitaciones, así que de un momento a otro mis brazos, mis piernas se comenzaron a fermentar y en traslucidas escenas quedé plasmada en una pantalla y pasé a ser un retrato perfecto de las pupilas de pinocho.
Éste a su vez, ya con sentimientos, bajó de la cama, tomó sus mejores virtudes y caminó en búsqueda de algo real para él, un hada madrina quizás, amigos en un bar, algo de alcohol, o cualquier elemento mundano que lo haga vivir solo el presente dejando el pasado y el futuro.
Allí está la estampita de mi retrato, en algún momento exacto podría pinocho volver a mi realidad e inventar otro cuento sin tanta fantasía.

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