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domingo, 5 de febrero de 2012

La sinceridad de los ojos.

Existen varios días contigo:
Los verdes, los rojos, los azules, blancos, amarillos y hasta los negros.
Esos días en que te beso, te deseo, te hago mío… te espero, te anhelo, te sueño…
Evito tus ojos; busco tus manos; exijo palabras.
De todos esos días en que inhalo tú oxigeno, no recuerdo ninguno en que no invites una sonrisa. Siempre me digo que eres pulcro: por donde te vea, lo eres.
También admito pensar que eres mi sueño tangible, mi regalo inesperado, quien calma la sed de mi desierto, mis gotitas de alegría.
Pero ha pasado algo inesperado, ayer mientras te miraba, noté que tus ojos miel, poseen una especie de espejo. Una forma idealmente pasiva de no permitirles a tus pupilas hablar. Estaba algo fascinada por dos motivos: la primera, se relaciona a que eres aún más exclusivo de lo que pensaba y la segunda: a que debo conocer solo un tercio de todo tu universo interno.
Mientras te observaba, buscando tus ojos, me reflejabas, con una leve intención de serenidad.
Amor, he descubierto que tus ojos me tienen alterada, son silentes.
Siempre me están examinando en juego con tu sonrisa paciente.
Y yo, que pensaba que leía las mirabas caí rendida a buscarte con todos mis otros sentidos. Me ahogaba por besarte, gritaba que me hablaras y te tocaba con poca sutileza.
No obstante, encontré algo más desconcertante: mientras seguías mis palabras, te reías junto a mí y abrazabas mi cintura creía que mi vida había comenzado con la tuya solo que teníamos caminos diferentes hasta que tropezamos como presa y cazador, es decir, sentí conocerte de toda la vida, y que ese universo que tus ojos no me dejan ver es uno solo, en el que también yo existo.
Y heme aquí exponiendo que estoy fascinada con tu alma, al punto que me atemoriza.
Me intimida no resguardar lo suficiente tu cuantía, no saber cuándo es de noche o día en tu cielo interno y especialmente, cuanto más deseas que sea Una con tu alegría y su ambivalente tristeza.
Creo que puedes tomar todos mis sentimientos y dejarlos en tu paladar.
Pasaré un largo tiempo más descubriendo tus facetas, y quizás… enamorándome aún más de ti.

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