Seguidores

sábado, 24 de enero de 2009

El inicio de la desnudez de mis ojos


Parece no ser un juego este espejismo que se va desvaneciendo.

De un lado de la indulgente realidad, tus caricias que van poco a poco sensibilizando mis dudas y mi imperante temor;
Del otro lado,
Mis besos que van enalteciendo tu emoción.

Como no reconocer que ya estás aquí, contemplando mis palpitaciones,
Si aún a lo lejos puedo respirar el aire que exhalas al recordar mi nombre.

Podría adormecer mi conciente hasta que tus sigilosas manos cubran mi fría piel y tus besos se trasporten por mi sensible pasión.

El secreto de mi orgullo e indiferente actuación se remonta a que has logrado que mis ciegos pensamientos persigan a los tuyos.
Y en mis quimeras puedes aparecer cubriendo de sonrisas mi inconciente reprimido.

Inclusive tu notoria ironía o tus pesados comentarios resultan inocentes ante mi creciente sentimiento,
Ante la idea de tomar con fuerza tus manos y convencer a mis lagrimas que deben ausentarse de mi rostro.

Precavidamente has tomado mi atención, sutilmente te vas convirtiendo en el sueño que persuade mi ausencia de mundos paralelos;
El incremento de mi libido, el resultado de la búsqueda de mi sosiego.

domingo, 18 de enero de 2009

Concluyente impulso de pavor


Su nombre parece no ser lo primordial en este santiamén,
Es esa imagen tan contraproducente lo que acapara completamente la atención,
Deja la mirada hipnotizada, el corazón paralizado por intervalos.

Podría nacer de nuevo y aún vislumbrar la misma imagen al cerrar mis ojos.
En cambio, los suyos, sus ojos, solo contemplan lo mismo, el vacío…

La luz que nos custodia es tan vacilante que en los instantes que se ausenta aparecen crápulas estupefactos por la matizada situación.

Y, ¿quién podría comprender dicha situación?
Si solo hay confusión bajo las opacas hojas de estos viejos árboles.

Inmortal instante en que se unen lagrimas:
El lagrimar de la figura de la indulgencia corroían todo a su alrededor
Mientras batallaban con los gritos del dolor.

No fue solo su amor al que degolló, eran sus tres hijas y el pequeño infante que apenas sentía el rocío de la realidad.

No quiso hacerlo,
No quería causar dolor,
Pero su mirada perdida continuaba incitando sus manos a exhalar el último suspiro de sus victimas.

Después que solo sentía su respiración,
Su llanto era desquiciante, desgarrador, iba aniquilando cada segmento de cordura.

No podía dominar los violentos impulsos de tomar algo de cada uno de ellos,
No sabía por donde empezar, no sabía que voz escuchar.

Desmembró a cada una de las nenas,
De la más chica tomó sus manos porque era las que cubrían su rostro cuando no soportaba su existir,
De la segunda tomó una de sus piernas porque le recordaban todas las caídas que debió curarle cuando aprendía a caminar,
Y de la mayor prefirió todo su semblante porque sentía que era la luz de su turbante camino.

Su hijo menor, su único varón, no codició tentar,
Lo dejó en los brazos de su madre, glorificando su ultimo momento feliz al verlos a los dos saliendo de emergencia obstétrica.

Y a su amor,
Quería tomar su pasión, quería apoderarse de su voz,
De su ímpetu cada vez que le murmuraba al oído que todo estaría bien.

Nada físico podría compensar aquel sentimiento de desasosiego que le causaba verla sin respirar, y aún más por su voluntad.

Presionó sus ojos y movió la sierra eléctrica en todas las direcciones,
Segmentó toda la familia que había creado, unió todos los cuerpos a los que había visto crecer, y quedó con sus manos destrozadas.

Arrojó la sierra a un rincón
Y permaneció inmóvil vislumbrando todo aquello que fundó.

Y ahí permanecimos hasta que se disipó el sol,
Inanimados hasta que desmayamos por el sombrío final.

jueves, 15 de enero de 2009

A un por qué


Alcanzaría detener mi pupila sobre lo fortuito del tiempo en mi cuerpo.
Imaginar que puedo levitar entre los demonios diarios,
Que puede sumergirme en esos momentos en que en mi rostro se dibuja una sonrisa

Podría derretir el plomo de los disparos de la desesperación, y construirte un altar, donde, llena de mis versos y adornada con las perlas de mis ojos serías objeto de toda mi adoración.

Dejar que entres en mí, dejarme roer el alma por tu encanto como roe el gusano a la madera, y alimentarte hasta que te inflames maravillosamente de mis males.

Y solo quiero marcharme a tu lado, mis manos paran su temblor cuando abordas mis hombros,
Todas mis palabras negativas se evaporan cuando respiro a tu lado
Siembras en mi cuerpo la luz a seguir hacia el reposo.
Dejo de ser un erial, expulso el aroma de las hojas jóvenes y tu sonrisa, como una lluvia de verano reverdece mi ánimo, marchito por el paso de la guadaña.

Dark Queen & Lucian