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lunes, 2 de febrero de 2015

Un ángel gatuno



Me invitó a dar una vuelta en su monopatín, me sujete mientras pasamos entre las bocinas de los carros que no paraban de sonar.
Finalmente nos detuvimos; este ángel con facciones de gato se deslizó por mis antebrazos, algo molesta con lo sucedido me levante de golpe argumentando lo cansada que estaba de ser siempre yo quien esperara con los brazos abiertos listos para abrazar.
El ángel, desconcertado, corrió hacia mi golpeándome tan fuerte que perdí la razón. Al despertar tenía mariposas en el cabello, las aves iban confeccionado un traje a mi cuerpo, flores de todos los colores corrían por mi rostro. Las ardillas iban raspando de mis manos estas palabras.
La Luna y el sol observaban mientras me levantaba.
Allí estaba el ángel con una gran sonrisa y sus brazos se elevaron tan alto que los perdí de vista, hasta que sentí un calor tan fuerte que me acogía y al mismo tiempo se sentía tan fría... Era la brisa convertida.
El ángel reía mientras que me decía al oído que de ese día en adelante me regalaba todos sus abrazos en el viento, que las mariposas siempre volarían por mi cabello como suaves caricias, de esas que reconfortan... Que siempre podré acercarme a las flores para que limpien mis lágrimas y le den color a mis mejillas. Las aves podrán hacerme sentir viva al tocar mi cuerpo -e ir haciendo con hilos- trajes que me protejan del silencio y las ardillas siempre estarán dispuestas a escuchar cada palabra que tengo por decir.
Todos se elevaron junto a mí y presionaron sus alas, sus picos, sus patas, sus hojas, en un intento de beso grupal cada vez más y más fuerte hasta quedar aturdida de tantos gestos de maravilla.
El ángel me invitó nuevamente a su monopatín mientras me señalaba diferentes estrellas, me dejó en la acera, se elevó tan rápido en la calle oscura que desapareció en unos segundos. Y allí me encontraba confundida, sin sonidos, sin personas.
Minutos después caminaba lentamente hacia mí un gato. Se detuvo, maulló, y con su cola se despidió dejando una flor sobre un papel por el que revoloteaban mariposas, 
la nota decía "siempre estará en ti"


Momentos decadentes

Algunas veces -como esta- siento que se me desvanece el cuerpo, 
que la boca se me va de lado, 
el cabello se desprende mientras camino, 
que van cayendo gotas de mis ojos cuando intento dormir, 
se me desgastan los suspiros y se van colgando las palabras. 
Momentos tan pocos frecuentes - como este- no me interesa guardar la tristeza en el morral... 
no me preocupa que los perros vayan detrás de retazos de preguntas.