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domingo, 15 de noviembre de 2015

Todo lo que necesito

Conozco una chica a la que le vibran los párpados, 
se sujeta las manos como si de eso dependieran que las lágrimas se pierdan en su pecho. 

La he visto sonreír - con luceros recogiendo su cabello y polvo de Luna en sus mejillas-... 
Es tan grato que recuerde esas sonrisas, es tan grato que no añore -sólo que sienta-.

Y tiene una suave voz con la que va por allí dejando a su paso hilos de preguntas, residuos de insomnios.

Ella se promete a diario que las cosas serán mejor: porque el sol ha vuelto de viaje, repite.
Se dice que cuidará de si misma, pero, tan pronto deja verse en el espejo, da la vuelta y abre la puerta, de nuevo entra en un caudal se emociones.
Se apaga a valorar sentimientos ajenos, en llevarlos cerca de su corazón para que los latidos se vuelvan una melodía que los mantiene ardiendo, dejando los suyos de lado... Exiliados en la cajita que abre sólo en las noches cuando de nuevo sus párpados vibran y se da cuenta que los mantuvo sin oxígeno, no los alimento ni cuido.

Desesperada pide auxilio, grita por sentimientos prestados hacia ella, ruega por palabras que le recuerden su nombre, sus virtudes, quién es... Y en ese ciclo va dejando un cementerio de "te quiero" justo en la espalda, cae en un profundo sueño para iniciar la mañana con promesas así misma que sabe no cumplirá.

Conozco a una chica que le avergüenza decir su nombre y por eso sólo dice "soy yo".


jueves, 16 de julio de 2015

Alondra

Alondra cuando abraza la cerveza camina por el rayado pensando que los carros son criaturas tiernas que besan con cuidado, en la boca y en las piernas, y dan un abrazo descabellado que te hace perder la conciencia. Alondra cuando bebe baila con luces, la mirada va a parar en el movimiento. Dale! Patea, besa y duerme, que mañana veras la diferencia entre el hermoso verso que veias y la verborrea que realmente había.

lunes, 6 de julio de 2015

Irreverentemente transparente

Venirse en una ráfaga o en una hoja.
Aparecer en poemas a medio terminar.

Dejarse mirar con felicidad, -porque no todos los amores hieren, porque no todas las historias terminan mal-.

...¡Hay que querer y dejar ser queridos!
No por un contrato burocrático de una institución de promesas.

El placer no se encuentra en las acciones medidas.

Y no dejar que lo banal sea la regla, lo sexual lo cotidiano y lo especial lo esporádico; porque no se si estaremos hasta mañana o hasta la próxima temporada de lluvias.
Que lo quiero vivir ahora que no es obligación sino un terremoto en las venas que siempre termina retumbando mi corazón.

Esas emociones que son compartidos no se disfrutan tan bien desde la individualidad de tus pensamientos: se siente calientito bajo esa mirada eterna que habla y le gusta escuchar.

Dentro de la piel, dentro de la alegría. Eso esté escrito, ese es mi punto.


martes, 19 de mayo de 2015

Es el momento

No parto de los contratos firmados con abrazos,
de las promesas con vigencia limitada,
... de las reacciones desenfrenadas.

Dejo todos mis sueños sobre nubes:
que se sientan en relámpagos cuando quiero hundir el mundo,
que desafíen los inclementes rayos de sol de otras miradas,
... que se desprendan en llovizna que corran por mis pies.

Quiereme suavecito con suspiro, arropame en un abrazo que te deje mis partículas dibujadas.
-Ven a visitarme con tu lengua-

Desafía mis ilusiones -no para romperlas- para que aparezcan con mayor fuerza

Solo citas de bar

Cerveza que te atrae
Vodka que te amarre,
Vino tinto que te despido,
Ron que te olvido.



Naturaleza irracional

Las mascaras que usan los impulsos saben a besos,
no muestran prejuicios.
Los deseos ocultos son como orugas en capullos de sonrisas
-brillan como monedas-
Al final se largan como mariposas a otras flores.

lunes, 23 de marzo de 2015

Entre fantasmas

En silencio busco luciérnagas para que me ayuden a mantener distantes los fantasmas de tu pasado. A veces son grandes y pesados, otras hacen sonidos que no me dejan dormir... Se burlan de mis besos inocentes, de mis promesas ya escuchadas.

Las sombras que te acompañan realmente me desconciertan, están bajo la alfombra, dentro de los zapatos, en el closet, en los álbum de fotos viejas.

Y cuando quiero gritarles me vuelvo a ti buscando una sonrisa de confianza, un abrazo que salude mis pulmones.

En pocos minutos vuelve de nuevo nuestra burbuja de sonrisas, nuestros confort en nuestra humilde compañía. Te acercas para seguir mi corriente sanguínea desde el corazón y vas alimentando tu lengua en el roce con mi piel.

Las sombras que nos siguen explotan en mil pedazos al contemplar cómo nuestros cuerpos se vuelven uno -esos momentos en que creo poseerte y tu te convences de ello- la libertad de nuestras almas es tan imponente que ni con el más bello encanto estarán estáticas.

 En el silencio de medianoche comprendo que tu respiración continua en sintonía con mi exhalación. Tus anteriores escenarios prepararon el nuestro. Con imperfectos y suspiros, pero con esos mágicos deseos de sentir que -eres tú- quien me acompaña, soy yo quien te escucha, eres tu quien abraza mis pasos, -soy yo- para tus segundos. Juntos hasta que nos queden sonrisas.

lunes, 2 de febrero de 2015

Un ángel gatuno



Me invitó a dar una vuelta en su monopatín, me sujete mientras pasamos entre las bocinas de los carros que no paraban de sonar.
Finalmente nos detuvimos; este ángel con facciones de gato se deslizó por mis antebrazos, algo molesta con lo sucedido me levante de golpe argumentando lo cansada que estaba de ser siempre yo quien esperara con los brazos abiertos listos para abrazar.
El ángel, desconcertado, corrió hacia mi golpeándome tan fuerte que perdí la razón. Al despertar tenía mariposas en el cabello, las aves iban confeccionado un traje a mi cuerpo, flores de todos los colores corrían por mi rostro. Las ardillas iban raspando de mis manos estas palabras.
La Luna y el sol observaban mientras me levantaba.
Allí estaba el ángel con una gran sonrisa y sus brazos se elevaron tan alto que los perdí de vista, hasta que sentí un calor tan fuerte que me acogía y al mismo tiempo se sentía tan fría... Era la brisa convertida.
El ángel reía mientras que me decía al oído que de ese día en adelante me regalaba todos sus abrazos en el viento, que las mariposas siempre volarían por mi cabello como suaves caricias, de esas que reconfortan... Que siempre podré acercarme a las flores para que limpien mis lágrimas y le den color a mis mejillas. Las aves podrán hacerme sentir viva al tocar mi cuerpo -e ir haciendo con hilos- trajes que me protejan del silencio y las ardillas siempre estarán dispuestas a escuchar cada palabra que tengo por decir.
Todos se elevaron junto a mí y presionaron sus alas, sus picos, sus patas, sus hojas, en un intento de beso grupal cada vez más y más fuerte hasta quedar aturdida de tantos gestos de maravilla.
El ángel me invitó nuevamente a su monopatín mientras me señalaba diferentes estrellas, me dejó en la acera, se elevó tan rápido en la calle oscura que desapareció en unos segundos. Y allí me encontraba confundida, sin sonidos, sin personas.
Minutos después caminaba lentamente hacia mí un gato. Se detuvo, maulló, y con su cola se despidió dejando una flor sobre un papel por el que revoloteaban mariposas, 
la nota decía "siempre estará en ti"


Momentos decadentes

Algunas veces -como esta- siento que se me desvanece el cuerpo, 
que la boca se me va de lado, 
el cabello se desprende mientras camino, 
que van cayendo gotas de mis ojos cuando intento dormir, 
se me desgastan los suspiros y se van colgando las palabras. 
Momentos tan pocos frecuentes - como este- no me interesa guardar la tristeza en el morral... 
no me preocupa que los perros vayan detrás de retazos de preguntas.