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lunes, 6 de julio de 2015

Irreverentemente transparente

Venirse en una ráfaga o en una hoja.
Aparecer en poemas a medio terminar.

Dejarse mirar con felicidad, -porque no todos los amores hieren, porque no todas las historias terminan mal-.

...¡Hay que querer y dejar ser queridos!
No por un contrato burocrático de una institución de promesas.

El placer no se encuentra en las acciones medidas.

Y no dejar que lo banal sea la regla, lo sexual lo cotidiano y lo especial lo esporádico; porque no se si estaremos hasta mañana o hasta la próxima temporada de lluvias.
Que lo quiero vivir ahora que no es obligación sino un terremoto en las venas que siempre termina retumbando mi corazón.

Esas emociones que son compartidos no se disfrutan tan bien desde la individualidad de tus pensamientos: se siente calientito bajo esa mirada eterna que habla y le gusta escuchar.

Dentro de la piel, dentro de la alegría. Eso esté escrito, ese es mi punto.


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