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domingo, 24 de julio de 2011

Titular de prensa


“El color de las flores volcado en sus pasos”, pensó.
A los hombres de mucho trabajo les ceden pocas palabras,
A los hombres de mucho trabajo la soledad les viene en dosis recetadas por el amarillismo.
Pocas miradas fuera de los patrones, muchos actos sistematizados.
Está vez prefirió mirar las orquídeas,
Rió con gracia cuando la vio caer en una fosa de promesas: muchos la usan, pero aún más las desechan.
Detuvo su marcha para darle una mano tangente, real; algo apenada agradeció el gesto. Tenía retazos de poemas pegados en la espalda, del cabello le colgaban frases risueñas: “te prometo que nunca te dejaré”, “te prometo que jamás te olvidaré”, “te prometo que no habrá nadie como tú”…
A las mujeres las atropella la necesidad de promesas,
Las mujeres viven con una soledad antepuesta por su ideal real.
Por eso lloran a escondidas, por eso esconden la mirada.
Esta chica, algo fugaz, contrarrestaba la presión de los sentidos para enfocarlos en su aura: tenía el olor de fantasías secretas, esas que nunca se dicen por temor a la burla; mirada eterna: el cielo y el mar unidos, imagen que solo se recuerda puesto que ya observamos el mar de forma banal; su piel como la nube esponjosa, cuando nos atrevemos a mirar al cielo; su voz como hálito de ninfa, esa que añoramos cuando el miedo se vuelve en un monstruo terrícola; y, a que sabía? –pensaba.
Se bajaron un rato de la tierra para vengarse de la rutina, se contrarrestaron de las maquinas andantes que van de su trabajo a casa, a bares donde conocen cada adorno, incluyendo cada hombre, de caminos llenos de insufribles ladrones de vida.
Y se mantuvieron en su universo paralelo, en donde la felicidad se llama: vida.
Consumieron la fruta prohibida mientras eran sus propios dioses,
No pertenecían al número de un país, no llevaban el nombre de otros hombres,
No vestían a la moda, pues la moda era el vertedero trasero de su reino, podían mirarse aún con los ojos cerrados y entrar el uno a al otro como una canción que resuena en la cabeza y palpita el corazón, promoviendo la lujuria en un danza candente.
En definitiva se olvidaron del mundo que se olvida de ellos cuando no se trata de dinero, diversión, bienes materiales o ambición.
Pero los mundos paralelos tienen horario de moteles y acaban con una voz que te dice amablemente: ¡se acabó el tiempo!...
La nota de prensa de ese mismo mundo real, innegable y supuestamente efectivo expresaba al otro día:
“Muere pareja al caer de un quinceavo piso, los cuerpos fueron encontrados por un grupo de niños que manifestaron sentirse feliz por la sonrisa de los fallecidos. No se sabe la causa de muerte pero dos ancianos que pasaban por el lugar al momento de recoger la evidencia musitaron con añoranza: esa pareja consiguió el mérito del alma en un orgásmico amor”

jueves, 14 de julio de 2011

2011


Tengo un colectivo de objetivos encausados en tu nombre.
Fue un proyecto improvisto, un espontáneo contacto, tú vagabas y yo chocaba;
Tocaban a la puerta de mis labios unos besos, ansiosos por salir, encaprichados con tu boca.
Yo los contenía con una cerveza a medio sorbo, pero revotaban al verte la sonrisa.
Tenías un “no sé qué” dejando enajenada mi atención.
Y tal cual como caramelo en un mostrador, te saboreé con la primera mirada, me acerqué con la segunda y te llevé a la boca con la tercera.
Puedes concéntrate en mis pupilas, en el contorno de mi mentón, en la calidez de mis pómulos, pero pruébame sin permiso, con deseo y sin perdón… así te describía en un principio. Así no te pensaba más allá de mi ego instintivo, pero no funcionaste para pasarme inadvertido en todos los momentos, no diste con la mínima parte de mi rechazo.
Le agradaste a mi suspiro, deformaste mi egoísmo y mi locura se ha quedado en el nido de los sueños, en un cielo nítido que me saluda cuando mi rostro se molesta, cuando algunas lágrimas quieren llamar a mi ventana.