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martes, 25 de diciembre de 2012

Lascivia


Tengo una idea resplandeciendo cálidamente,
Una imagen que va alcanzando por completo mi atención.
Es etérea, ligera.
Tus pómulos en el borde de mi cadera,
El roce de tu húmeda lengua buscando mi húmeda expresión.
Tus brazos sosteniendo mi piel vehemente,
Mis fogosas piernas arqueando tu espalda.  
Es así como te vienes a mi mente,
Es así como desearía tenerte.
Colmarte de mí estrógeno una y otra vez. 

martes, 13 de noviembre de 2012

Dentro de mí



En el mejor de los casos, siempre habitará un muelle de blancas nubes.
Allí donde salgo a pensarte,
En esas ocasiones en que colisionas con mi cielo.
En el rugido de mi historia menudea tu mundo, en el crepúsculo de mi último adiós artificial.
En los palacios que visitamos mientras prestabas tu sonrisa para el goce de mi expresión.  
No puedo engañarte, no me desvanezco, no me pulverizo, no palidezco sin tu presencia…
Pero ciertamente, a la sombra de mi corazón te mantienes latente,
Mientras sobrevuelo por el mar, dibujo tu cuerpo entre el oleaje, atravieso el aire y confío en que tu olor seducirá mis más tenues recuerdos.
Eres especial para mis lunares,
El fuego que me recuerda que no siempre está de más mirar atrás.

domingo, 16 de septiembre de 2012

A ningún lugar



Se me viene a la mente que quizás son los amigos,
O es el horizonte que se pierde en las luces de los carros,
O es la música que a diario me tambalea.
…Se me viene a la cabeza que ando buscándome por allí…
Buscándome, a veces sin quererme encontrar.
Y entonces me reflejo en las lágrimas de las personas que quiero, y voy con los lamentos de quien siento, y quiero cumplir los sueños de quién me desata sonrisas.
Pero, sigo vagando por allá, por acá, con la cabeza en todas partes, con el aliento en un hilo, con la esperanza de que alguien verá por allí esa parte de mí que necesito, que no se con exactitud si perdí, o si nunca la he tenido.
Debo concebirme como la plenitud de mis sueños realizados, y percibo el mito de los libros, más me alejo de las banalidades y más aspiro otro universo.
Se me ocurre que quiero ser egoísta y pensar en mí, pero fallé constantemente en esas clases de la vida, y ando a cuestas con las ilusiones fallidas de mis sombras y pensando como dibujar alegría en otros rostros, el mío se está volviendo pesado, duro, y esa mirada que desconozco.
Puedo sentirme en “el lado oscuro de la luna”, con algo de conciencia y con un resentimiento creciendo, puedo sentir que le daré todos mis ánimos a las nubes para que rocíen este cuerpo que camina “a ningún lugar”.

domingo, 1 de julio de 2012

Recurrente


Y es así como mi sueño constante terminó siendo un número más de mi celular,
En pequeñas expresiones en espacios abiertos.
Yo lo quería devorar con la mirada, y mi boca lo alejaba de mi espacio: ese calor que emite hierve todo el moralismo de mi nombre.
¡Es que va por allí fijándose en otras curvas!
Y no es que tenga problemas en la personalidad individualista de su pene, es que intervinieron emociones y ya no hay terapia que lo desvanezca de mi piel.
Y busco la imperfección en su recuerdo,
Pero me agravia la evocación de sus pecas, de su piel perfecta, de sus músculos buscando los míos, y de su rostro tomando toda mi excitación.
Busco, juro por mi mejor orgasmo que busco firmeza en sus acciones, pero simplemente aparece y desaparece cuando lo desea, dejando mis manos vacías y mis pensamientos como duraznos en cactus.
Pero creo tener la solución: ¡lobotomía!

domingo, 13 de mayo de 2012

23 minutos


Siempre consiente mis lunas excitadas,
Conoce mi mirada; la forma de acercarme a sus piernas; el gesto de mis labios; el cambio de mi voz. Conoce mis límites y fronteras, hasta donde puede llegar mi corazón.
Y sus ganas a veces pueden más que la construcción de mi orgasmo, y culmina dejando mi horizonte blanco, húmedo.
Existió un momento en que desconectó los cables de mi realidad, y al sumergirme en el más complejo acto sexual me dejó caer al borde de la añoranza, y lloré en sus brazos, mientras él, con una mirada desorientada cubría mi pecho.
Tampoco sé que sucedió esa noche, pero le dio de nuevo calor a mi alma, fueron sus besos, sus gestos, su manera de recordarme que podía consumirme cuando lo quisiera.
Me hizo el amor y me convirtió en el,
Tuvimos sexo, o el sexo nos hizo parte de su poder… tampoco lo sé.
Y vienen de nuevo esos ataques, mis piernas tiemblan y mi mirada se nubla, los libros dicen que son orgasmos múltiples, yo digo que son flagelaciones a mi ego de no quererte lejos.  
Eres algo parecido a una droga, generas los mismos síntomas de la abstinencia cuando no puedo por lo menos posar mi boca en tu cuello.
Y, amor, te diré algo más, se me han perdido lagrimas en tu nombre y van a parar en esos abrazos desesperados, te llevas bien con mi alegría, le encantas a mi lujuria, mi cuerpo sueña con reflejarse en tus ojos serenos y estas en la punta de mis nervios, así que, por favor, ten cuidado: cuídame.

El agraciado accesorio de mi cama



Perdía la cabeza con esos labios,
Su piel parecía un manjar para mi lengua. No podía mirarle sin sonreír,
Y con cada roce deseaba que esas manos vinieran por mí.
Y vinieron; una y otra vez en la misma noche, en el mismo lugar, con diferentes sentimientos murmurados en gemidos.
No recuerdo haberle pedido que fuese mío, mis palabras no pidieron serlo,
Pero ele allí abrazando mi almohada, soñando en mis sabanas coloreadas, y ahora con la forma de su cuerpo.
Fue una noche bastante extraña por lo demás, conocí hasta su lunar más perfecto.
Y lo imperfecto quedó en la despedida
Solo tomó mis manos y las privó para continuar el desenfreno, se llevó el aroma de mis pezones en elegantes movimientos y absorbió todo el calor de mi vientre mientras escuchaba mi tímida voz.  
Sonrisas iban y venían; la picardía de las estrellas se había estacionado en la tenue luz que nos acompañaba. Perdí la noción de donde estaba mi boca, mi cabello; mis piernas.
Gotas de sudor corrían por su espalda y flotaban en mi libido, su rostro mostraba la fascinación de mantenerme en el lugar y el momento adecuado para mostrarme el placer, su placer. Y yo como pétalo en lago, permitía que moviera mi cuerpo al son de su deseo.
Pude haber fallecido en ese momento, pero vamos solo era sexo ¿no?
Nada que un espíritu egoísta e individualista como el tuyo no pudiese brindar.
Nada que no se pueda cambiar.

martes, 1 de mayo de 2012

¿Cuánto más?




No me vienen bien las mentiras fraccionadas, ni por mi inconsciente inquieto.

Baje la guardia al mirar el espejo y ahora tengo el alma llena de piratas colonizando mi libre albedrío.

Descubrí que no le tengo miedo a la soledad; pero tengo un francotirador apuntando a mis nervios. Tanto tiempo prestando atención al no estar sola y deje por completo de lado mi seguridad.

Esa seguridad tenía el nombre de mis padres cuando solo importaban los juguetes… de allí simplemente desapareció dejando un rastro de miedo al que no le había podido ver los ojos. 

Y venía arrastrando esa necesidad, te la lanzaba a la cara, la metía en tus bolsillos, te la enviaba en mensajes de texto; te la mostraba en canciones, se hacía notoria en escritos; mi necesidad de ti resultó ser necesidad de estar segura. 

En el momento que lo comprendí creí que sería más fácil ir al espacio y venir de nuevo gateando. ¿Y cómo es que estaré segura si nunca he sabido cómo hacerlo sola?

¿Es como cuidar de una persona?; o acaso ¿es como volverse polvo de estrellas? ¿Cráter de luna? ¿Una muralla dentro de una flor? Protegerme de mi inseguridad es espeluznante, pero cubrirme de la tuya es aflictivo.

miércoles, 21 de marzo de 2012

A mi Abuela.


“Y para que nada te lastime usa el escudo de tu silencio”
Era la mejor enseñanza que me podía dejar mi abuela mientras caminábamos entre arboles y hojas secas.
Siempre he sido temerosa, y de eso solo me quedan los recuerdos de pasos crujientes entre el suelo y café recién caído. Seguía el sonido de los perros a lo lejos, siempre vigilante de que no siguieran nuestros pasos, pero mi a mi abuela no le gustaba mirar atrás, así que solo seguía caminando como si hablara con la brisa o los restos de barba de palo que caían haciendo un umbral mucho más temeroso para mí.
Y entonces yo decía “para que nada me lastime que nada me toque” aferrándome a su mano cansada.
Y hablábamos sin pronunciar palabras, soñábamos en esas horas que todos se embriagaban, ella mirando mi dormir y yo tratando de encontrar su corazón.
En las mañanas dejaba caer su largo cabello entre su espalda, blanco, desde que lo recuerdo, y mientras la miraba, hacia gestos de cada cosa que debía hacer para comenzar un nuevo día.
La encontraba mirando por la ventana, como si esperara a alguien que nunca llegó. Solía contar historias, no historias de abuelitas que tejían y reían, historias tristes, como sus ojos algunos días.
Tenía un optimismo especial por mi pequeña sonrisa y mis inquietantes manos,
Siempre imaginó que podía encontrarme en otro cielo, creando otras historias, alejándome de las ventanas para seguir caminando. Y sin mirarme a los ojos decía que sería alguien sin nadie… ya saben… alguien con fortaleza interna. Pero la verdad es que me hubiese gustado seguir sus pasos, con el aroma del café; el sonido del riachuelo y las voces al fondo pronunciando nuestros nombres.
He tratado de darle mil vueltas a mi cabeza recordando si le dije “te amo” pero fallo en el intento y mis ojos se cristalizan, ¿será que en ese idioma que solo ella y yo conocíamos, entendería lo que significó en mi vida? Creo que en el fondo buscaba no mirarme para no extrañarme porque sabía que me iría.
Y ahora la extraño tanto, ¿debo ser silente o solo seguir adelante sin que nada me sostenga?
¿Podrías venir una noche de estas y acostarte a mi lado mientras acaricio tus manos cruzadas?
La verdad es que no imagino como hubiese sido mi vida sin tus enseñanzas y la muralla que irradiabas.
Abuela, me haces tanta falta que no te lo dije en vida, y ahora todas las noches solo repito tu nombre.