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martes, 1 de mayo de 2012

¿Cuánto más?




No me vienen bien las mentiras fraccionadas, ni por mi inconsciente inquieto.

Baje la guardia al mirar el espejo y ahora tengo el alma llena de piratas colonizando mi libre albedrío.

Descubrí que no le tengo miedo a la soledad; pero tengo un francotirador apuntando a mis nervios. Tanto tiempo prestando atención al no estar sola y deje por completo de lado mi seguridad.

Esa seguridad tenía el nombre de mis padres cuando solo importaban los juguetes… de allí simplemente desapareció dejando un rastro de miedo al que no le había podido ver los ojos. 

Y venía arrastrando esa necesidad, te la lanzaba a la cara, la metía en tus bolsillos, te la enviaba en mensajes de texto; te la mostraba en canciones, se hacía notoria en escritos; mi necesidad de ti resultó ser necesidad de estar segura. 

En el momento que lo comprendí creí que sería más fácil ir al espacio y venir de nuevo gateando. ¿Y cómo es que estaré segura si nunca he sabido cómo hacerlo sola?

¿Es como cuidar de una persona?; o acaso ¿es como volverse polvo de estrellas? ¿Cráter de luna? ¿Una muralla dentro de una flor? Protegerme de mi inseguridad es espeluznante, pero cubrirme de la tuya es aflictivo.

2 comentarios:

Darko Wiggin dijo...

No miramos nuestro valor y tendemos a hacer de la seguridad una cadena enganchada a otros con eslabones fragiles...

Dark Queen dijo...

Ciertamente Darko Wiggin, es una cadena que hacemos sin querer o queriendo, pensando que los demás nos pueden brindar más seguridad de la que nos podemos generar nosotros mismos.