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domingo, 19 de junio de 2011

¿Cuál es el nombre?


Podría estar en lo cierto, con suerte de una cerveza verde mareada.
Es que me gusta su sonrisa, lo prefiero sin emboscadas.
Imaginarlo en mi vacío clandestino, en los bares de mis horas pesadas,
Con sus labios en mi piel, quizás en un abrazo a media luz y sin sonata.
Tenía una historia para sus palabras, una canción que lo recordaba,
Pero es más grato escucharlo de su voz, aún es más ameno que mi alba diaria.
Tiene el don de retroalimentar un brillo esquizofrénico en mi mirada;
 Silencia los grillos de otras historias con intenciones marcadas.
Es que puedo tener tendencias marcadas de adhesión a su cuello,
Un paseo por toda su espalda, una batalla en su lengua, el exilio de un gemido. 
¿Ahora?
Dime tu a donde vamos ahora.

sábado, 11 de junio de 2011

Isis de la noche


Danzaba libremente por la niebla, brazos abiertos para tocar al viento mientras se mecía por el espacio como ave de mil plumas negras como la noche, la luna la gestaba en lagunas mientras crecía siendo arboles. Ella cuidaba la oscuridad de aquellas torres de madera y con voz de niña, espantaba moscas con lucido empeño.
¿Y que deseaba en las mareas del tiempo?
¿Qué lograba atraer en su danza sutil por las tinieblas del vacío?
Vampira de nombre ancestral, dueña de los demonios vagantes, tal vez resucitada noche hecha mujer; y como llevadera de historias, la suya supero los milenios, y entre cuerpos y cuerpos siempre fue la misma, danzando libremente en la niebla. La veían salir de los arboles los príncipes azules, y estos huían pálidos escondiendo su arrogante aliento para las gansas del pantano. A esta súcuba no se le podía caer con cuentos de triunfos mitológicos pueblerinos; no, a esta penumbra con sensual forma era leyenda prohibida, así que se abstenía la realeza a tocar su alfombra de pasto, ni a sus consultores nocturnos, animales de la noche, mascotas de aquella mujer escondida con luz entre las sombras de su morada. Altiva amante, más bien pensaba en guerreros, hombre solitarios con cicatrices de tiempo en guerras, transeúntes sin miedos a cuentos múdanos, capaces de ser pasajeros en su marchar intrépido. Ella con tiempo sin tiempo, a ver aquellos soles caminando con arco y flecha, espadas, escudos por su senda hipnótica. Y ella reía, al recordar los momentos en compañía de aquellos alientos de fuegos, ya estaba cansada de los reyes, príncipes, consortes, súbditos y otro ser que buscaba de su sensual calor en el frio bosque. Y danzaba como ave con evocaciones, ella de alma azabache ilustrada con estrellas, y al ella acariciarlas estas suspiraban.
En su soledad, ella entonaba la imagen de su agraciado guerrero, hombre perdido con valiente corazón de hierro buscando lo desconocido, imaginaba su cabello, creaba sus atuendos, siempre con un toque de descuido para mostrar su falta de confianza a la ropa que cargaba; ella sabía que tenía el poder de la magia, surrealismo paralelo y esa noche estaría acompañada, tan solo al respirar silencio, y en lo profundo de su ser, la melodía, hechicería de encantos a crear la forma que deseaba ella para ser poseída. Su piel inspiraba furor, no lo soportaba ya, se sentía desconocida en la niebla donde danzaba macabra en su elocuente oscuridad. Había aprendido a ser niña y resulto ser eterna. Pero nada hacía más ruido que el mutismo y la sosiego de su senda, donde por noche meditaba y de día cuestionaba, y cientos de egos presumidos se materializaban en sus utopías oníricas, pero nada como sus guerreros salvajes quienes con ropa o desnudos no dejaban de ser lo mismo, algo rodeado de fuego, mareas, rocas y elementos; no el plástico típico común artificial deambulando por ahí buscando victimas con sus discursos recreacionales. No, ella deseaba que su espejismo le creara al rescatista de su soledad, quien sin importar al misterio que resplandecía ella, pretendían llegar a su corazón de púas, hecha de las rosas regaladas por los hombres y mujeres que conocía en la redoma de aquel bosque encantado.
Amante solitaria, solo se entregaba desnuda cuando el cuerpo expulsaba a su espíritu por los poros como millares de demonios estimulando sus sentidos.
Ella era Isis de la noche, guardiana de las puertas del bosque espectral, y ¿Quién mejor que ella? Que había nacido de la Luna, y en su alma sosegada se sombreaba de color lunar cuando se entregaba; y si la hacía volar mas allá de los reproches de los búhos, o a la izquierda de la Luna a parar, o en los anillos de Saturno haciendo juego con su collar de huesos. Pero continuaba triste, no había mortales así en su realidad, solo sus fantasías la comprendían y ella hacía el amor con sus pesadillas, ya que en vigilia solo atraía miradas que la observaban siniestra con capa de misterio.
Carnal a sus oníricos pensamientos, sabía que estos seres, habitantes de su cabeza, la tocarían como si fuese arpa del paraíso y sabrían donde, para hacerla gemir placer musical. ¿Quién sabia como tocar su tonada? Mas que ella misma y sus guerreros mentales, quienes sabían violarla en la oscuridad de su cautividad salvaje, sabían estos dominar sus fieras proporciones y encantar a sus serpientes internas para ser cazada y no casada a lazos mundanos; no, ella era noche, ¿Cómo podían ponerla a caminar de día como sirvienta de indiferentes? Nadie más que ella sabia cuanto poder tenia, y los demás con miedo retrocedían como observaban que no era pieza fácil a tomar, pues hasta los guerreros de sus ilusiones tenían que enfrentarse a terribles pruebas, laberintos de fuego, pasadizos sombríos, monstruos de mil formas, escaleras tramposas hasta acorralarla en un colchón de huesos mientras ésta se defendía grata de ser tomada por manos fieras, leones errantes devorando cada centímetro de sus placeres existenciales. Pero esa noche, mientras danzaba libremente por la niebla, sus ilusiones la desvistieron y llorando, se encogió a la elipsis de su vacío, ¿había sido real? O tal vez sus propias mentiras tuvieron sexo con su cuerpo desmembrado por cuervos. Y sonrió cuando alegremente danzaba por última vez en aquel eterno silencio acompañando la oscuridad de su luz entre leyendas. Pues tomada en recuerdos, había disipado su orgasmo mas allá de las montañas y las llanuras mientras su Luna madre continuaba excitada por el calor del Sol, deseando estos poder tener algo erótico cuando el eclipse opaque la tierra y se desnuden estos astros de oscuridad al hacer libremente el amor en el cielo. Y ella consumada por su yermo seguía teniendo algo muy serio con sus ilusiones, ya que sus fantasías de niña habían exorcizado su piel y expulsado con calor a todos sus guerreros mentales, sus amantes nocturnos, sus ruinas ilusorias, sus caprichos sexuales, su búsqueda a crear su perfecto guerrero que entra sin miedo por su carne, luego de haber escalado sus senos, cruzado por toda la simetría de su montes, vagado por sus poros, cruzado su vientre luego de haber tomado agua en su ombligo, mientras audaz se adentraba a la oscuridad de su húmeda vagina para hallar su muerte y renacer en la mujer de noche quien continuaba danzando libremente en la niebla de su infinito andar.

Escrito por: Lobo.