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domingo, 15 de noviembre de 2015

Todo lo que necesito

Conozco una chica a la que le vibran los párpados, 
se sujeta las manos como si de eso dependieran que las lágrimas se pierdan en su pecho. 

La he visto sonreír - con luceros recogiendo su cabello y polvo de Luna en sus mejillas-... 
Es tan grato que recuerde esas sonrisas, es tan grato que no añore -sólo que sienta-.

Y tiene una suave voz con la que va por allí dejando a su paso hilos de preguntas, residuos de insomnios.

Ella se promete a diario que las cosas serán mejor: porque el sol ha vuelto de viaje, repite.
Se dice que cuidará de si misma, pero, tan pronto deja verse en el espejo, da la vuelta y abre la puerta, de nuevo entra en un caudal se emociones.
Se apaga a valorar sentimientos ajenos, en llevarlos cerca de su corazón para que los latidos se vuelvan una melodía que los mantiene ardiendo, dejando los suyos de lado... Exiliados en la cajita que abre sólo en las noches cuando de nuevo sus párpados vibran y se da cuenta que los mantuvo sin oxígeno, no los alimento ni cuido.

Desesperada pide auxilio, grita por sentimientos prestados hacia ella, ruega por palabras que le recuerden su nombre, sus virtudes, quién es... Y en ese ciclo va dejando un cementerio de "te quiero" justo en la espalda, cae en un profundo sueño para iniciar la mañana con promesas así misma que sabe no cumplirá.

Conozco a una chica que le avergüenza decir su nombre y por eso sólo dice "soy yo".


1 comentario:

will@ dijo...

Un día descrito de la mejor manera para expresar lo que el corazón siente.