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sábado, 28 de diciembre de 2013

Siempre que hablo conmigo…

Matizada en el color naranja de las mañanas,
Las nubes revoloteadas forman mi suspiro,
Trasladan serenidad a mis ansias diarias de elevarme sobre la rutina.
Un espíritu hipnotizado que detona las cornetas de los carros, cerrando los ojos e imaginando mis pasos en una playa del Mediterráneo, en las luces de Japón, junto a un vino en Francia.
Al estar rendida reflejando el cielo en mis pupilas, mis labios bajan de temperatura; hasta el más pequeño roce me recuerda lo mucho que me gusta concebir besos, que mi boca se pierda en otros labios, que mi lengua acaricie otro espíritu.
Imaginar que sujetan mis manos mientras deslizan los besos por mis muñecas hasta perderse en mi cabello, el olor del placer ruge en cada poro. Moverse por mis caderas, morder mi espalda: idea reiterada en mis sueños diurnos y nocturnos.
Posaré una sonrisa para mi amante, me vengaré de las horas de trabajo, seré feliz en el oleaje que dibujo con mis dedos en la nada.
Leeré los libros que se quejan conmigo de esta vida mecanizada, libros que coloren mis ideas.
Danzaré con la melodía más pequeña, la música siempre será el exilio del vacío.
Y me recordaré a diario que soy tan importante para mí, como las cuentas bancarias para los políticos.



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